cheque al portador

Un día
hablando
esbocé que
en tu CV
podrías añadir muchísimas cualidades
como por ejemplo:
“no hablo de trivialidades,
no me interesan las banalidades,
buenos modales,
elijo posiciones imparciales,
cuando sonrío se me notan los molares
soy constante en mi inconstancia,
no cedo fácil
y, por si aún no te diste cuenta,
detesto perder las apuestas:
siempre me quedo con la última respuesta”.
Como carta de referencia, te describiría:
“Sos hábil
para saltear la parte interrogatoria,
sos rápido cuando te queres escapar
y, ni hablar,
tenes un magister en fantasmear.
Sos esa risa nerviosa
que empleas cuando no se te ocurre otra cosa,
sos tu peinado
y los gestos que haces con las manos.
Sos un (poco) enredado
pero acaso
¿existe alguien con los cables bien acomodados?
Sos la batería de un C115:
podés estar trescientos días sin parar
pero si te descuidas un minuto,
se pierde la señal.
Sos ocurrente,
sabes qué decir
y cómo caerle bien a todos mis parientes.
Sos inteligente,
sabes cómo hacer para actuar como si nada,
porque de repente
estamos al lado
y cuando abrí los ojos
habías dejado un cartel improvisado
en una servilleta berreta:
‘salí temprano’.
Sos creativo,
a cada paso, tres esquivos.
Sos diferente,
tan raro entre toda la gente”.
Sos vos,
que descubriste que tu “mejor versión”
era cuando podíamos hablar
sin pensar tanto en el qué dirán.
Sos vos,
que preferiste improvisar
aunque pudiera salir mal,
aunque todos dijeran
que no conveníamos
y, sin embargo,
lo intentamos igual.
Sos vos
cada vez más vos
y a mí
eso
es lo que más me gustó.
Porque vos-sos-vos
y yo-soy-yo,
y, en el medio,
nos descubrimos los dos.

clouds

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escondida

Sigo buscando una tipografía
(mejor no aclaro hace cuánto)
no solo que me guste
sino que se entienda,
que lo lea y sonría,
que lo mire y mi vista
se contente
con tan poquito como una fuente bonita.
Por un tiempo elegí una más convencional,
una que ni fú ni fá.
“Es demasiado recta”,
“no se puede adaptar”.
“Es demasiado espaciosa”
y -confieso- el tracking me da miedo tocar.
De a ratos intento convencerme
de que queda bien,
que es lo que necesito
que tengo que seguir avanzando con el proyecto
porque menos de dos semanas me quedan
para tenerlo 100% listo.
Mis compañeras dicen que está bien,
que le de para adelante.
Y en todo este tiempo
no hice nada,
solo le agregué cosas
para engañarme con que
de verdad, esa tipografía me gustaba.
Pero en el fondo,
-muy en el fondo-
casi en voz baja,
en secreto,
yo lo sabía:
esta bomba iba a explotar.
Tenía todas las alertas posibles
y (como siempre) me dejé estar.
(No) es que repito el patrón pero… esto (no) es casualidad.
Intentar auto engañarse
es lo más triste que hay.
Esta tipografía me encanta //
está re bien //
queda linda //
se puede leer //
es agradable a la vista //
aprovechá la oportunidad, estás haciendo lo que querés //.
Todas esas cosas escucho
pero cuando llego y abro el InDesign
me encuentro con ella
y nos enfrentamos a lo real.
No pega con el proyecto,
con mi idea final.
Faltan 10 días y busco descargar
alguna que me guste,
una-tipografía-que-me-guste.
UNA.
No pido (mucho) más.
(A veces) (el 99.9%) idealizamos mucho;
las expectativas superan la realidad.
Mi piedrita en el zapato
fue buscar
en lugares donde no debía
una alternativa a esta tipografía.
Creo que en las cosas de la vida real
pasa lo mismo.
Uno a veces está buscando
algo que tiene super mega
archi
re
hiper
idealizado.
Y de a ratos
encontramos
una piedrita que va bien,
que es cómoda,
funcional,
que de a ratos convence
y nos dejamos acompañar.
Caminamos algunos metros,
por qué no kilómetros
e incluso cambiamos de ciudad;
exploramos continentes,
se vuelven todo terreno y en esos zapatos
se almacenan miles de recuerdos:
aquel recital, el viaje a tal lugar, los momentos de soledad.
La piedrita -intacta- siempre está.
Esta tipografía cumplió su función,
me acompañó durante los últimos 3 meses
pero desde un principio sabía que
(no) era lo que yo (más) quería.
Quiero otra,
o hacer un curso de caligrafía.
(¿PODÉS CAER EN LA CUENTA QUE SOLO QUEDÁN 10 DÍAS?)
Vine esquivando este debate interno
(entre mis dos “yo”)
que ni siquiera entiendo.
Uno quiere seguir los consejos de todos
y el otro quiere abandonar el archivo.
Al fin y al cabo
los dos coinciden:
hay que cortar por lo sano.
¿Existirá alguna manera de cortar que no haga mal?
Solo queda 1 semana y tres días para entregar
y en mi cabeza no paro de pensar en
cómo pude patear
esta discusión
si desde el principio
esta relación
entre
la tipografía y ese intento de pseudo-poesía
no era genuina.
Me olvidé de guardar los últimos cambios
y tengo ganas de huir,
equivocarme de archivo
mandar a imprimir
fotos de mi perro
o algunos de los dibujitos horribles
que hice en el cuaderno,
cuando en lugar de escuchar al profesor
fingí que ese problema ya estaba resuelto,
pero no.
Definitivamente
el tiempo ahora no es mi aliado
y solo resaltó
que por mucho que intente
convencerme, engañarme
y decirme “ya fue, con esta quedó”,
me demostró que
patear la cosa para adelante,
posponer el problema
o quedarme con la primera piedrita
era como esconder el desorden en el placard.
Apenas abrís la puerta
todo eso se cae
y hay que volver a empezar.
“No lo intenten en sus casas” (te podés acostumbrar),
dirían en un programa tipo Bricollage.

estradas das canoas2 (2).jpg

 

des/orientada

Me acabo de subir
al colectivo
equivocado.
El que lleva
-justo-
para el otro lado.
O no.
Tal vez me acerca
o me aleja.
Uf, qué se yo.
El Google Maps se quedó sin señal,
el GPS que tengo no me funciona
y -para variar- no me sé orientar.
Es dificil,
creerte
(no tanto quererte).
Es dificil, digo,
porque vos
vas y venís
decís que sí
pero después me subo al bondi
y cuando me perdí
pusiste el guiño de giro
y cambiaste de carril.
Estoy des-orientada.
Me cuesta seguirte las coordenadas,
no sé cómo leerte
siento que en esta cosas que
ni siquiera sé nombrar,
estoy analfabetizada.
Creo que vos querés enseñarme
pero el abecé no sabes repetir
o sí,
lo hacés con el texto predictivo
que sabe qué decir
pero a mi me aparecen
una secuencia de puntos suspensivos
que indican
que claramente
esto continuará
quién sabe cuándo,
quién sabe en qué lugar.
Esto continuará
porque siempre (me) repito
que es la última chance
y, eventualmente,
siempre termino cediendo una vez más.
Hasta cuándo, quién sabrá.

colectt.jpg

confe-si-ón

buenosaireslluvia

“¿Vos qué escuchás?”preguntaste.
Me quedé en silencio.
Sé que es crucial,
que si te confieso que
me gusta limpiar
al ritmo de Maramá y Rombai
vas a hacer esa cara
de no entender nada.
Pero esta vez no me importó
y te admití que me gusta el reggaeton,
la cumbia y también el pop.
Y sí, este caos musical soy yo.
“No soy del rock, o bueno, no sé”.
Me gusta de todo, depende el día,
lo que quiera hacer.
Para salir a correr,
no voy a escuchar Drexler,
aunque la vez que iba cantándolo
sin querer -queriendo- te crucé.
Así que -por las dudas- nunca más lo tarareé.
Me da miedo que aparezcas,
así, sin previo aviso, como siempre hacés.
Me acuerdo de ese día:
estaba por atardecer,
el cielo se puso rosa,
violeta,
tantos colores que no pude ver.
Era verano, hacía calor.
No lo podía creer.
Vos, acá.
Yo, allá.
No entendíamos qué planetas se habían alineado
para que justo -y bendita casualidad
nos volvamos a cruzar.
Yo iba, vos volvías.
Como siempre,
como toda la vida.
A destiempo, quién nos entendería.
Cuando llego, te vas.
Cuando te vas, estoy por llegar.
Después del diluvio,
salió el último rayito de sol.
Todo se puso naranja-amarillo,
ni siquiera sé cómo describirlo.
Me hago la sentimental
y te respondo la historia
“llueve afuera y acá adentro también”.
Quiero que me leas entre líneas,
que flasheemos película alguna vez.
Para no perder la costumbre,
esquivas el tema.
Me decís “jajaja, tenés goteras?,
a modo de chiste -como si me riera.
Escribo y borro
aproximadamente
ciento cincuenta y dos veces.
Unas más, algunas menos.
Estás en línea,
¿me ves escribiendo?

Sí, algunas goteras en el departamento hay
pero lo que te diga está de más.
Aún teniendo todas las herramientas para arreglarlas,
vos preferís la más fácil, con la que menos te involucrás.
Si total,
llegás y te vas.
Si total…
yo llego y vos ya no estás.
La ciudad está vacía,
diluvia,
y yo salgo a caminar.
Sin paraguas,
en musculosa y short.
Total -según dicen-
siempre que llovió…
(por suerte)
paró.

 

a-pur-arte

El arte de apur-arte
de decirte “dale”,
que estés,
pasar a buscarte.
El arte de pintarte,
maquillarte,
ar-reglarte.
Dejar de ser eso que decís
que sos vos entre-casa,
para ser vos, presentable.
Aunque salgas con los pelos
despeinados,
enredados,
aunque chorrees agua
y dejes gotas por todos lados.
Apurarte a decidir
con qué ropa vestir,
cómo saludar,
qué decir.
Todo te pone nerviosa
y en eso, te pintaste demás.
Se te fue la mano,
y el delineador terminó en cualquier lado,
llegó al párpado,
al dedo,
está(s) en todos lados.
El timbre sigue sin sonar.
Pensás y pensás:
capaz no funciona,
chequeás el celular,
desconectás internet.
En un show de magia dirían
“nada por aquí, nada por allá”.
Abrís Facebook;
tal vez, se cayó Whatsapp.
Seguís retocando el rimmel
para algún día estar lista,
porque siempre vas a encontrar algo por mejorar,
por cambiar.
Que las pestañas,
que el labial,
que las ojeras,
que el peinado está mal.
Y de repente me dí cuenta que voseaba
pero en realidad, me hablaba a mí,
me auto-apuraba.
Me pregunté
¿cuántas veces estamos listos?
así, con todas las certezas de que
LISTO, ya estoy;
no me miro ni me arrepiento: esto soy.
Me di cuenta que yo nunca
estoy 100% lista,
siempre me falta alguito,
un detalle,
un poquito.
Que a veces, queremos estar
y sin embargo,
no terminamos de alistarnos jamás.
A veces el tren pasa
y vuelve a pasar,
mientras nosotros seguimos preparándonos sin más.
Seguimos retocando
el rimmel,
el delineador,
seguimos intentando disimular
las ojeras después de una noche fatal.
No quiero que nadie se entere
que no dormí
por planear
qué decir,
cómo presentarme,
qué vestir,
qué comentario hacer
para que en la oficina
mis compañeras
no me miren de abajo-arriba
y de arriba-abajo
por el simple hecho de mirar
qué me puse,
qué tengo demás;
tal vez unos kilos, tal vez el collar.
Porque todos opinan
pero en verdad,
me quedé dormida
y me fue mal.
Tuve una pesadilla,
no pude dejar de pensar
en que quiero saltar
pero estoy alistándome
hace mucho tiempo
y, cuando llegue el momento,
-si es que llega-
capaz, ya se hizo tarde.
Capaz ya no lo disfruto tanto
porque es como las fotos…
¿cuántos disparos hacés?
¿uno firme? ¿dos?
¿o cuarenta y tres hasta que salga como querés?
Si el tiempo no llegó,
si capaz está todo ahí,
si capaz estamos pendientes
y posponemos lo que queremos
porque no estamos listos,
o no sabemos.
Soy fan de decir que al tiempo le demos tiempo,
pero a veces,
si nadie nos apura,
la preparación puede ser eterna.
Seguimos esperando que llegue
un momento que no llega.
Porque no, hace apenas unos meses,
entendí que la oportunidad
no se espera: se crea.
Ahí me di cuenta
que
si no la creás,
vas a ver pasar mil trenes
y vos,
maquillándote demás.
Soñé que alguien me decía
nena, no esperes tanto, saltá.
Me lo creí,
me levanté,
me fui.

byn 2

vos

que no decís que sí, pero tampoco te arriesgás por el no,
que estás ahí, sin agarrar y sin soltar,
que estás y te vas.
que vas y venís.
que la friendzoneás.
que hacés planes (de forma virtual).
que te comés el mundo, parece,
pero usás servilletas porque te cuidas.
que ganas no te faltan, pero (a veces) te dejás estar.
que cada tanto aparecés, armás quilombo y la fantasmeás.
que “sí, pero”.
(que siempre tenés un pero).
que mejor mañana, que “la próxima”.
que te vas a dormir.
que te colgaste,
que te fuiste a marte,
que se te olvida,
que siempre –mágicamente– te estás quedando sin batería,
que se te prendió una lucecita en el auto y no vas a llegar.
que vivís al palo pero estás relajado.
que mirás y mirás,
que no se te escapa una.
que todo el tiempo sos vos, vos y vos.
que ante la duda, no.
que a veces decís cosas sin pensar.
que a veces pensás tanto que te quedás siempre en el mismo lugar.
que nunca se entiende si te vas a ir o te vas a quedar.
que sabés que sí.
que huís argumentando que “ahora solo te querés divertir”.
que estás ahí, a cada paso que intento dar.
que en el fondo, tenemos el mismo miedo:
(no?) nos queremos enamorar.
que nos aterra que esto nos haga mal.
que sabemos: algo va a pasar.
que yo hablo por vos, porque ni sé qué pensás.
que no tenemos por qué.
que tus amigos y mis amigas no entienden para qué.
que “esto va a terminar mal”, dijo tu amigo cuando tomó unas copas demás.
que nos reímos los dos, cómplices,
en la aventura que nunca se dió.
que no dijimos ni si, ni no.
que a ambos nos advirtieron: esto se va a complicar.
que tal vez ellos tienen razón:
no soy yo, (y tampoco) sos vos.
que, en una de esas, somos los dos.
quién te dice, por qué no.
que conviene dividir todo 50/50 así nos evitamos errores en las cuentas.
que de repente sos , que de repente sos no.
que no me queda claro: ¿empatamos, perdimos o ganamos?
que no sé ganar.
que aprendí a encontrarle el gustito a perder y, a veces,
ese resultado me sienta bien.
que no se trata de acostumbrarse, pero quiero compartirte el video que encontré.
que quiero que viajemos lejos, donde nadie nos pueda buscar.
que soy una soñadora, ni nos hablamos pero
-por las dudas- me armé el bolso de mano.
que si le ponemos ganas, podría funcionar.
que vos no querés, y esta vez no me animo a perder.
que somos así, que somos asá.
que si, que no, que hoy tu indecisión me mareó.
que capaz, que quizás, que otro día se verá.
que venís vos, que voy yo.
que al final, ninguno se la jugó.
que vos decís, que yo digo.
que capaz nada tiene sentido.
que sos vos con vos,
que soy yo con vos.
que por qué.
que si ya fue.
que hashtag soltar.
que agarrame fuerte o dejame volar.
que no me gusta estar viviendo en un eterno quizás.
que posiblemente, que tranquilamente.
que todas las palabras se vuelven incoherentes.
que en un futuro, que tal vez, que quizás nos podríamos volver a ver.
que sí, tenés razón: si no se dio, no se dio.
que no, porque no.
que podemos intentar.
que con mis inseguridades y mis miedos a flor de piel, acá estoy,
escribiéndote.
que si te digo por qué, seguro te reís y no entendés.
que ponés cara de “no sé qué” cuando no querés responder.
que tanta letra nos quedó por escribir.
que hay tanto cuento por contar.
que no fuimos, no somos pero -tal vez- algún día será.
que, como decías vos, la vida es una sola y hay que intentar.
que tus palabras se contradicen con lo que (nos) pasa en la vida real.
que vos decís, que yo digo.
que ni si, ni no.
que vos respondés, yo te escribo y después te desentendés.
que volvés y no entiendo por qué.
que no sé para qué.
que no cerrás pero no abrís.
que no querés mirar atrás teniendo cosas por decir.
que ese humo me lo vendiste a mí.
que yo lo compré, lo pagué caro y acá estoy:
una vez más, pensándote.
que sos vos y soy yo.
que, tal vez, tengamos que admitir,
somos los dos:
ni vos ni yo.

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experta

pies

Soy experta en un montón de cosas. Primero, en dar vueltas. Soy una calesita aun cuando no quiero. Soy experta en posponer. Me pospongo la alarma a mí, de despertarme para darme cuenta que no sos vos.

Soy experta en mal-administrar tiempo. Paso años en lugares que son para recorrer en una semana. Paso noches esperando un día. Paso días esperando una noche. Y hago todo tan pero tan mal, que cuando llega, no estoy. Me voy, huyo, me rajo, me escapo. Hago todo tan mal que cuando el plato me quema, no puedo soltarlo.
Lo agarro, me quemo; ardo.

Soy experta en elegir mal. Tomo malas decisiones desde que nací. Siempre elijo lo menos conveniente, lo que no me va. Por defecto, por intuición, porque soy pésima en mi elección. Soy un caos, por suerte, soy un error.

Soy experta en no corresponder. Va más allá de los amigos del psicoanálisis y teorías que aún no puedo entender. Mi historia me condena, elijo lo que me encandena. Soy esa pésima elección en todos los aspectos. Y sí, soy humana, no creo en seres perfectos: hola, hello, tengo defectos.

Soy experta en los extremos: amo con locura y, para tu sorpresa, odio casi que con ternura. No sé querer a medias. No te puedo solo querer. A veces soy un gris constante y -de a ratos- me entorpezco, me hago fuerte y me enderezo: si me querés, quereme en serio.

Soy experta en hacerme la cabeza. Me armo una película de todo y por todo. Me encanta odiar esto. Pero convivo. Y, de a ratos, nos llevamos bien. Imagino. Creo historias sin parar. Sí, tal vez sea creativa con cosas que puede que nunca vayan a pasar. No lo sé, quizás.

Soy experta en no planificar. No puedo pensar con tiempo de anticipación. Me gusta lo espontáneo, lo que surge. No, las sorpresas no tanto. Simplemente que se de. No quiero esperar toda la semana que sea un día y, cuando llega, aburrirme antes de empezar. No. Me quedo con improvisar.

Soy experta en mandármela. Donde puedo y donde no debo, ahí. Siempre. Al pie del cañón. Casi que si no me la mando dejo de ser yo.

Soy experta en equivocarme. Aprendo a los choques, sí. Soy algo cobarde: decido cosas tirando una moneda al aire. Me hago la que decido “al azar” pero le doy tres chances: como yo, el destino también puede errarle.

Soy esto: un caos con experiencia que -a veces- tiene poca paciencia. Me come la ansiedad. Si tuviera mi propio auto, seguro el líquido de frenos se estaría por agotar. Me cuesta la caja automática, a veces quiero graduar la velocidad. Y no, no sé manejar. Paso de primera a quinta sin poder controlar. De a ratos me dejo llevar.

Soy experta, ya sabrás. En cosas que no interesan, en cosas que “están demás”. Soy esto: diría que un caos irregular. Soy mis malas decisiones, mis improvisaciones, mis extremos, mis equivocaciones. Soy enamoradiza y no sé cómo frenar, arranco y no tengo vuelta atrás. De a ratos quiero un Control Z de la vida real. Aunque sería bastante aburrido si no me pudiera equivocar. Así que acá voy, con mis errores a flor de piel, fallando por doquier,
y si me querés,
ojalá me quieras bien.